Lima, la capital del Perú, es históricamente conocida como la "Perla del Pacífico" o la "Ciudad de los Reyes". Fundada en 1535 durante la época colonial, se consolidó como la urbe más grande, rica e importante de América del Sur debido a su ubicación geoestratégica frente al océano Pacífico.
Hoy en día, la metrópoli destaca por ser el centro político, cultural, financiero y gastronómico del país, donde conviven en armonía la tradición de su centro histórico —declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco— y la modernidad de sus distritos costeros.
Fundación: El 18 de enero de 1535 por el conquistador español Francisco Pizarro, bajo el nombre oficial de Ciudad de los Reyes.
Ubicación: Se extiende sobre la costa central del país, delimitada por el desierto y asentada en los valles de los ríos Chillón, Rímac y Lurín.
Atractivos principales: Su imponente Plaza Mayor, la Catedral, las Catacumbas de San Francisco y el extenso malecón de Miraflores, ideal para apreciar los atardeceres sobre los acantilados del Pacífico
La historia virreinal de Lima comenzó oficialmente el 18 de enero de 1535, cuando el conquistador español Francisco Pizarro la fundó bajo el nombre de Ciudad de los Reyes. Debido a su ubicación estratégica cerca del mar y sus valles fértiles, se convirtió rápidamente en la capital del Virreinato del Perú, la colonia más rica y poderosa de la Corona española en América del Sur durante los siglos XVI y XVII. Durante casi tres siglos, Lima concentró todo el poder político, militar, religioso y comercial de la región, transformándose en una metrópoli de imponentes iglesias, palacios señoriales y una intensa vida cultural.
El Centro del Poder Colonial: Como sede del Virrey y de la Real Audiencia, Lima gobernaba un territorio inmenso que en su apogeo abarcaba desde Panamá hasta la Patagonia. El comercio de la plata extraída de Potosí (actual Bolivia) pasaba obligatoriamente por su puerto vecino, el Callao, lo que generó una enorme riqueza para la aristocracia limeña.
Esplendor Religioso y Cultural: La Iglesia católica tuvo un rol central. Lima fue sede de la Inquisición, pero también vio nacer a los primeros santos del continente, como Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres. Además, en 1551 se fundó la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la más antigua de América.
Las Murallas de Lima: Para proteger la inmensa riqueza de la ciudad frente a los constantes ataques de corsarios y piratas ingleses y holandeses, se construyeron unas imponentes murallas alrededor de la urbe entre 1684 y 1687.
La Plaza de Toros de Acho es uno de los monumentos más emblemáticos de la Lima virreinal. Inaugurada el 30 de enero de 1766 bajo el mandato del célebre virrey Manuel de Amat y Juniet, ostenta el orgullo de ser la plaza de toros más antigua de América y la tercera más longeva de todo el mundo. Su origen y evolución reflejan las dinámicas sociales, el urbanismo barroco y el entretenimiento de la sociedad colonial limeña.
El rol de Acho en el urbanismo y la sociedad virreinal: Ordenamiento urbano: Antes de la existencia de Acho, las corridas de toros se realizaban de forma improvisada en la mismísima Plaza Mayor de Lima (Plaza de Armas). El virrey Amat impulsó la creación de un recinto fijo para liberar la plaza principal de los desórdenes y suciedad que estos eventos generaban, mudando el espectáculo al actual distrito del Rímac (entonces el barrio de San Lázaro, ubicado "bajo el puente").
Financiamiento social: Desde sus inicios coloniales, los ingresos obtenidos por las funciones en Acho no eran solo para fines privados; la gran parte importante se destinaba a sostener obras públicas y mantener hospitales de la ciudad, lo que vinculaba el entretenimiento con la beneficencia pública que sigue siendo la propietaria del inmueble.
Materiales tradicionales: Fue construida siguiendo técnicas de la arquitectura virreinal limeña, utilizando principalmente adobe y madera. Esta flexibilidad estructural neoclásica es la razón por la cual el monumento ha logrado resistir los violentos terremotos que azotaron la capital a lo largo de los siglos.
Tradición viva: El nombre "Acho" proviene de la palabra hacho, que significa "sitio elevado", haciendo referencia a su cercanía con el cerro San Cristóbal. La plaza se estrenó en una pomposa jornada colonial a la que asistió el virrey Amat acompañado de Micaela Villegas, "La Perricholi", quedando inmortalizada en las tradiciones y el imaginario de la Lima antigua.
Al final de la etapa virreinal, en 1821, el mismísimo libertador don José de San Martín visitó sus instalaciones y decretó que las ganancias de las corridas se destinaran a financiar al Ejército Libertador, marcando así su transición hacia la era republicana. Actualmente, forma parte del área del Centro Histórico de Lima, considerada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.
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