Como taurino, valoro profundamente mi cultura. No busco imponerla, sino compartirla con respeto hacia quienes no la comparten.
Desde hace tiempo, el relato antitaurino dejó de ser simplemente un argumento para convertirse en un mecanismo de imposición. Ya no se trata de comunicar ideas ni de expresar posturas fundamentadas; ahora la comunicación se utiliza para impedir que ciertas tradiciones culturales, como la tauromaquia, sigan vigentes. Todo ello bajo el pretexto de proteger ciertos valores, pero en realidad buscando pervertir la realidad y manipular las leyes y normas que deberían regir con justicia.
No es un debate honesto ni un diálogo abierto; es una estrategia política para voltear la ley y adulterar las obligaciones que corresponden a quienes gestionan políticas públicas. Se pretende anular tu derecho a expresar tu cultura taurina, negándote la libertad de participar en tradiciones que forman parte de tu identidad y de la historia de tu comunidad.
Este proceder afecta no solo a los aficionados a la tauromaquia, sino a todas aquellas personas que defienden la pluralidad cultural y la diversidad de expresiones. La verdadera democracia debería basarse en el respeto mutuo y en la convivencia de distintas formas de entender la cultura, sin imponer un pensamiento único ni eliminar prácticas que, aunque controversiales, tienen un valor simbólico y social para muchos.
Por tanto, más que un enfrentamiento entre posturas, debemos reconocer que el problema radica en el uso indebido de la comunicación como herramienta de censura y control. No quieres vivir en un entorno donde te niegan la posibilidad de expresarte libremente, ni que la gestión política utilice su poder para cambiar las normas a conveniencia. Proteger tu cultura taurina es también defender tu derecho a la libertad de expresión y a la pluralidad cultural que enriquece a toda la sociedad.
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